María es Reina porque fue asociada a su Hijo de un modo único, tanto en el camino terreno como en la gloria del cielo.
¿Cómo ejerce María esta realeza de servicio y de amor? Velando sobre nosotros, sus hijos: los hijos que se dirigen a ella en la oración, para agradecerle o para pedir su protección maternal y su ayuda celestial tal vez después de haber perdido el camino, oprimidos por el dolor o la angustia por las tristes y complicadas vicisitudes de la vida. En la serenidad o en la oscuridad de la existencia, nos dirigimos a María confiando en su continua intercesión, para que nos obtenga de su Hijo todas las gracias y la misericordia necesarias para nuestro peregrinar a lo largo de los caminos del mundo.
El título de reina es, por lo tanto, un título de confianza, de alegría, de amor. Y sabemos que la que tiene en parte el destino del mundo en su mano es buena, nos ama y nos ayuda en nuestras dificultades.
BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Castelgandolfo Miércoles 22 de agosto de 2012
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Quizá la tragedia más grave del hombre de hoy sea su incapacidad creciente para la oración. Se nos está olvidando lo que es orar. Las nuevas generaciones abandonan las prácticas de piedad y las fórmulas de oración que han alimentado la fe de sus padres. Hemos reducido el tiempo dedicado a la oración y a la reflexión interior. A veces la excluimos prácticamente de nuestra vida.
Pero no es esto lo más grave. Parece que las personas están perdiendo capacidad de silencio interior. Ya no son capaces de encontrarse con el fondo de su ser. Distraídas por mil sensaciones, embotadas interiormente, encadenadas a un ritmo de vida agobiante, están abandonando la actitud orante ante Dios.
Por otra parte, en una sociedad en la que se acepta como criterio primero y casi único la eficacia, el rendimiento o la utilidad inmediata, la oración queda devaluada como algo inútil. Fácilmente se afirma que lo importante es «la vida», como si la oración perteneciera al mundo de «la muerte».
Sin embargo necesitamos orar. No es posible vivir con vigor la fe cristiana ni la vocación humana infra alimentados interiormente. Tarde o temprano la persona experimenta la insatisfacción que produce en el corazón humano el vacío interior, la trivialidad de lo cotidiano, el aburrimiento de la vida o la incomunicación con el Misterio.
Necesitamos orar para encontrar silencio, serenidad y descanso que nos permitan sostener el ritmo de nuestro quehacer diario. Necesitamos orar para vivir en actitud lúcida y vigilante en medio de una sociedad superficial y deshumanizadora.
Necesitamos orar para enfrentarnos a nuestra propia verdad y ser capaces de una autocrítica personal sincera. Necesitamos orar para irnos liberando de lo que nos impide ser más humanos. Necesitamos orar para vivir ante Dios en actitud más festiva, agradecida y creadora.
Felices los que también en nuestros días son capaces de experimentar en lo profundo de su ser la verdad de las palabras de Jesús: «Quien pide está recibiendo, quien busca está hallando y al que llama se le está abriendo»
Me llamas, desde una salida que aún no consigo alcanzar. Tu voz es provocación y promesa. Intento llegar al sendero, donde me esperas. Pero yo mismo me entrampo en mi laberinto. Por buscar atajos me pierdo, por cargar equipaje inservible me atasco, por buscar comodidades me freno. Y recorro sin cesar los mismos versos, atrapado en callejones abarrotados de tesoros inútiles. ¿Tus huellas? ¿Tu voz? ¿Tu misión? ¿Tu reino? Bastaría eso, para tirar los muros y volar. Mientras, yo, dando vueltas en torno a madrigueras y refugios, a memorias y reservas, a riquezas que me atan. Llámame, una vez más, y que tu Sígueme se vuelva martillo que derribe todas mis resistencias.
(José María R. Olaizola, sj
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Jesús mío, ante ti y tu Padre celestial, en presencia de María inmaculada, mi Madre, y de san José, mi protector, 1hago voto de consagrarme por puro amor a tu Corazón sagrado y dedicar mi vida y mis fuerzas a la obra de los “Oblatos” de tu Corazón, aceptando de antemano cuantos sacrificios y pruebas me pidas. ……… Hago voto de dar a todas mis acciones la intención del puro amor a Jesús y a su Corazón sagrado. Y te suplico que toques mi corazón y lo inflames con tu amor, para que no solamente tenga yo la intención y el deseo de amarte, sino también la dicha de ver concentrados solo en ti todos los afectos de mi corazón con la ayuda de tu santa gracia.
Para la renovación diaria
«Jesús mío, renuevo con amor el pacto que hice contigo. Concédeme la gracia de ser fiel».
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