La Cuaresma es un tiempo propicio para pararnos y analizar cómo de vivo está nuestro trato con el Señor. Para ello, las parroquias del Arciprestazgo de A Coruña nos unimos en esta propuesta de mañana de retiro, abierta para cuantos quieran participar y que estará dirigido por D. Javier García. ¿Nos ayudas a difundirlo? Y, sobre todo, ¿te animas a participar?
FRANCISCO JOSÉ PRIETO FERNÁNDEZ POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SEDE APOSTÓLICA ARZOBISPO DE SANTIAGO DE COMPOSTELA
En la Diócesis deSantiago de Compostela, por el presente
DISPONGO:
Mantener el día de San José (19 de marzo) como solemnidad de precepto, con la obligación de participar en la celebración de la Eucaristía.
Aquellos fieles que tengan jornada laboral ordinaria quedan dispensados del precepto, aunque se les pide y recomienda vivamente la participación en la Eucaristía de ese día de fiesta dedicado a San José, Esposo de la Virgen.
Se ruega a los párrocos y rectores de iglesias que informen a los fieles con antelación de estas decisiones y acomoden en lo posible los horarios de misas a las posibilidades y necesidades de los fieles.
La celebración del Día del Seminario, con la correspondiente colecta, se hará coincidiendo con las Misas de la tarde del sábado, día 15, y del domingo, día 16 de marzo, II Domingo de Cuaresma.
Mensaje del Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2025: Caminemos juntos en la esperanza, 25.02.2025
Queridos hermanos y hermanas:
Con el signo penitencial de las cenizas en la cabeza, iniciamos la peregrinación anual de la santa cuaresma, en la fe y en la esperanza. La Iglesia, madre y maestra, nos invita a preparar nuestros corazones y a abrirnos a la gracia de Dios para poder celebrar con gran alegría el triunfo pascual de Cristo, el Señor, sobre el pecado y la muerte, como exclamaba san Pablo: «La muerte ha sido vencida. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?» ( 1 Co 15,54-55). Jesucristo, muerto y resucitado es, en efecto, el centro de nuestra fe y el garante de nuestra esperanza en la gran promesa del Padre: la vida eterna, que ya realizó en Él, su Hijo amado (cf. Jn 10,28; 17,3) [1].
En esta cuaresma, enriquecida por la gracia del Año jubilar, deseo ofrecerles algunas reflexiones sobre lo que significa caminar juntos en la esperanza y descubrir las llamadas a la conversión que la misericordia de Dios nos dirige a todos, de manera personal y comunitaria.