Rezar, curar, anunciar

“Rezar, curar y anunciar son los tres imperativos esenciales de la vida y del ministerio de los presbíteros, quien, de este modo, será fiel a su ordenación y evitará convertirse en un burócrata de lo sagrado”. Benedicto XVI

Quien quiera ser sacerdote debe ser sobre todo un “hombre de Dios”. San Pablo (1 Tm 6,11).

“El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”.

  «Te amo, oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
hasta el último suspiro de mi vida.

Te amo, oh infinitamente amoroso Dios,
y prefiero morir amándote que vivir un instante sin amarte.

Te amo, Señor, y la única gracia que te pido es la de amarte eternamente.

Oh mi Dios, si mi lengua no puede decir cada instante que te amo,
quiero que mi corazón lo repita cada vez que respiro.

Te amo, oh mi Dios Salvador,
porque has sido crucificado por mí,
y me tienes aquí crucificado contigo.
Dios mío, dame la gracia de morir amándote
y sabiendo que te amo». Amén.

Santo Cura de Ars

 

Un sacerdote debe pisar donde Cristo pisó. 

Su única ley escrita en papel: El Evangelio.

Su única ley escrita en el corazón: El Amor.

Como  Cristo sirvió así debe servir y como Cristo amó así debe amar.

Su vida tiene que ser solo Cristo y su Voluntad.

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