Sobrer el silencio

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Hace unos años, era absolutamente obvio que la voz de Dios se escucha mejor en el silencio, que los Ejercicios deben hacerse en silencio, aunque eso ya no es tan obvio para muchos.

El silencio es una disciplina del oído, más que de la lengua. Silenciamos nues­ tra lengua para poder oír mejor. ¡Qué difíc  es apreciar los sonidos tenues cuan­ do estamos hablando! Ahora bien, la voz de Dios es un sonido sumamente tenue y delicado, sobre todo para unos oídos no habituados a ella. Si nuestros oídos no están habituados a escuchar la voz de Dios, entonces tenemos una especial nece­ sidad de silencio. Un director de orquesta detectará el sonido de un instrumento tan delicado como la fl a pesar del estruendo de la orquesta. En cambio, el oído no habituado necesita escuchar únicamente el sonido de la fl    durante alg tiempo, antes de poder reconocerlo entre todos los demás sonidos de la orquesta. Y nosotros necesitamos escuchar la voz de Dios en el silencio durante alg tiempo si queremos poder detectarlo más tarde en medio del estrépito de la vida cotidiana.

El hombre moderno encuentra el silencio especialmente molesto: le resulta dif cil permanecer tranquilamente a solas consigo mismo, y siente constantemente la comezón de andar de un lado para otro, de hacer alg   de decir alg  … ; no puede estar inactivo y, consiguientemente, la mayor parte de su actividad no es todo lo libre, creativa y  dinámica que a él le gusta imaginar, sino que es compulsiva. Cuando uno adquiere la capacidad de estar tranquilo y en silencio, entonces es libre de actuar o dejar de actuar, de hablar o permanecer callado, y sus palabras y su actividad adquieren una nueva profundidad y una nueva fuerza.

 A. DE MELLO, Contacto con Dios. Sal Terrae 1992.

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Camino a la luz

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 Oración en lenguas

La Biblia nos habla de un carisma del Espíritu Santo que no siempre entendemos bien. Es una especie de oración en lenguas. ¿De qué se trata?

San Pablo explica que se trata de una forma de expresión que sirve sólo para comunicarse con Dios, no para comunicarse con los demás, que no pueden comprenderlo (1 Corintios 14,2). Pero además, la misma persona que usa esta forma de expresarse no puede comprender con su mente lo que dicen sus palabras (14,14). Sin embargo, esta oración produce frutos, edifica realmente a la persona (14,4), y en su espíritu es una verdadera oración, aunque la mente no comprenda (14,14).

¿Qué significa esto? Que a veces, cuando nos entregamos a la oración, el Espíritu Santo puede regalarnos una experiencia de profunda comunicación con Dios y de liberación interior, porque nos permite expresar lo que hay en lo profundo del corazón sin tener que usar palabras comprensibles, sin necesitar armar frases o buscar palabras adecuadas. De hecho, es lo que sucede cuando suspiramos, cuando lloramos, cuando gemimos, etc. Alguna vez es necesaria esta liberación de las cosas más profundas del corazón en la presencia de Dios. ¿Cómo se logra?

En primer lugar, pidiendo al Espíritu Santo que nos ayude a gemir en nuestro interior (Romanos 8,15); pero también intentando expresar lo que hay dentro de nosotros con una melodía, con una sílaba repetida, con un gemido audible, con una canción que poco a poco va perdiendo la letra y se va convirtiendo en un susurro, dejando que una melodía espontánea brote sin esfuerzo, con espontaneidad, sin controlarla demasiado. Pero sobre todo, cargando esos movimientos de nuestra voz con aquellas cosas, dulces o dolorosas, que guardamos dentro, que necesitamos expresar y nunca hemos logrado manifestar del todo en la presencia de Dios.

Es ciertamente una experiencia que nos ayuda a aflojar nuestro interior cargado y nos permite relativizar por un momento la importancia de las cosas que nos agobian, nos aturden, nos angustian. Pidamos al Espíritu Santo que nos regale esa experiencia liberadora.

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Orar

Tú cuando vayas a orar

Piérdete en el corazón del misterio

Allí donde está el latido de la vida

Donde su voz dice:  Hágase… y todo florece.

Donde el miedo es un poco de humo

Que disipa el viento.

El único lugar donde puedes hallarte

Completamente.

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Santidad diaria

Hoy 10 de octubre, es el CVIII aniversario del nacimiento en San Juan de Ortoño del P. Francisco Reino Salaño, Sj,.

Alguien preguntó que había hecho de extraordinario Francisco Reino SJ.

No hizo nada extraordinario: vivir y hacer vivir el Evangelio. Mejor aún ser evangelio viviente. Un testimonio de vida, pobreza evangélica, humildad, servicio amor a Dios y a los pequeños, pobres y desheredados.

Fue buen párroco, después de 76 años que salió de Noguerosa, siguen recordando su vida, su entrega, santidad, desprendimiento, intercesión por los necesitados, de dar, compartir desde sus calcetines,  pantalones, su comida…, a todo al que llamaba a su puerta, etc…

Sus años acompañando, dirigiendo y discernido. la vocación y llamada de Dios y su Voluntad, desde el respeto, acogida y libertad de las personas! Ayudando desde la cercanía y delicadeza a que cada uno encontrase su camino.

Su paso por los seminarios de Ourense y Santiago y su dedicación en Comillas-Santander y  Madrid, han dejado huella en muchos Sacerdotes y laicos, que después de 60, 50, 40, 25 años, seguimos viendo en el  un hombre de Dios, olvidado de si y entregado al anuncio del Evangelio sin artificios, desde el estar, orar, acompañar, servir, dándose todo a Dios y a los Hermanos, no reservándose nada para sí. Dios y su Reino, eran su único motor!!

Estar y tomar partido por el pobre, el caído, el que no cuenta, con una gran capacidad de escucha y discernimiento de espíritu!

¡Un santo sacerdote, santo, sin adelantar el juicio de la Iglesia!!

No fundó nada …
No destacó en nada…
No llamo la atención por nada…
No escribió nada…

Ministerio Penitencial, Dirección y Ejercicios Espirituales, ahí está su vida  y su entrega…!!!

Unidos en la oración y extensión del Reino.

Padre Reino

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