La sabiduría

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En la Sabiduría hay un espíritu inteligente, santo, único, multiforme, sutil, ágil, perspicaz, sin mancha, diáfano, inalterable, amante del bien, agudo, libre, bienhechor, amigo de los hombres, firme, seguro, sereno, que todo lo puede, lo observa todo y penetra en todos los espíritus: en los inteligentes, los puros y hasta los más sutiles.

         La Sabiduría es más ágil que cualquier movimiento; a causa de su pureza, lo atraviesa y penetra todo. Ella es exhalación del poder de Dios, una emanación pura de la gloria del Todopoderoso: por eso, nada manchado puede alcanzarla. Ella es el resplandor de la luz eterna, un espejo sin mancha de la actividad de Dios y una imagen de su bondad.

         Aunque es una sola, lo puede todo; permaneciendo en sí misma, renueva el universo; de generación en generación, entra en las almas santas, para hacer amigos de Dios y profetas.

         Porque Dios ama únicamente a los que conviven con la Sabiduría. Ella, en efecto, es más radiante que el sol y supera a todas las constelaciones; es más luminosa que la misma luz, ya que la luz cede su lugar a la noche, pero contra la Sabiduría no prevalece el mal.

         Ella despliega su fuerza de un extremo hasta el otro, y todo lo administra de la mejor manera.

Libro de la Sabiduría

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Salí de mí

Cuando uno ha sido tocado por el Espíritu Santo, puede vivir algunas experiencias gratis, sin estar pendiente de uno mismo. Es la capacidad de admirarse y de alegrarse por el otro, pero sin estar pensando que es algo mío, y sin estar buscando poseerlo para mí. En todo caso, me alegro de poder disfrutar algo con los demás, como algo nuestro, no como algo mío. Amo a Dios porque es un bien, no porque es mío, y aun cuando lo percibo como bueno para mí, en realidad el mismo impulso del amor me lleva a buscarlo como un bien para nosotros. Esta renuncia a ser el único, producida por el Espíritu Santo, es una forma de comprobar que realmente hemos salido de nosotros mismos. En esta renuncia a ser el único la recompensa no es más que el mismo amor que ama por amar, en una generosa ampliación del yo.

En este sentido debe entenderse la exhortación paulina a que cada uno no busque su propio interés sino el de los demás” (1 Corintios 10,24), en el mismo contexto en que sostiene: “si un alimento causa tropiezo a mi hermano nunca jamás comeré carne” (8,13). Esta expresión –que nadie busque su propio interés”– aparece también en Filipenses 2,4, donde el modelo que se presenta inmediatamente es el de Cristo que “se despojó a sí mismo” (2,7).

Pidamos al Espíritu Santo que nos enseñe a hacer el bien gratis, no pensando tanto en nosotros mismos sino en las necesidades de los hermanos.

Los cinco minutos con El Espíritu Santo

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Como un río

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Como un río que me invade mansamente.
Que penetro, deslumbrado. Como un río
que me arrastra, poderoso, en su corriente
mientras abro, libremente, el curso es mío.

Como un río que respeta mis orillas.
Con el cielo todo entero en su regazo.
Que yo sigo, por las noches, de rodillas
y circundo, bajo el sol, con un abrazo.

Como un río que me acuna, que me sacia.
Que yo invento con las aguas de Su gracia.
Como un río ya llegado y por llegar.

Donde muere el día y nace el día nuevo.
Como un río que me lleva y que yo llevo.
Como un río que se sabe río y mar.

(Pedro Casaldáliga)

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Marta y María

DOMINGO XVI

Soy Marta cuando me afano por lo inmediato
Tú eres María cuando me haces ver el fondo de las cosas
Soy Marta cuando exijo que camines a mi ritmo
Tú eres María cuando me invitas a reposar en el camino
Soy Marta cuando pienso que en el “hacer” está el todo
Tú eres María cuando en el silencio me descubres el valor del silencio
Soy Marta cuando olvido que tengo corazón y alma
Tú eres María cuando me haces descubrir la vida interna que llevo dentro
Soy Marta cuando me desgasto sin saber por qué ni cuando
Tú eres María cuando me enseñas a guardar energías para lo alto
Soy Marta cuando vivo sin freno ni medida
Tú eres María cuando me invitas a la paz y al sosiego
Soy Marta cuando digo que creo en Jesús y no le escucho
Tú eres María cuando me invitas a escuchar para saber si creo
Soy Marta cuando vivo perdido en lo aparente
Tú eres María cuando me haces buscar lo trascendente
Soy Marta cuando lo exterior me llena de ansiedad
Tú eres María cuando me recuerdas que en el interior está la felicidad
Soy Marta cuando pienso que la fortaleza está en lo que realizo
Tú eres María cuando me recuerdas que Dios es inspirador de todo
Soy Marta por poner todo mi esfuerzo en los medios y trabajo
Tú eres María si me haces ver que todo eso es secundario frente al Maestro
Soy Marta cuando subo y bajo, hablo y canto, planifico y pienso
Tú eres María si me llamas al sosiego que nos da el Misterio
Soy Marta cuando me dejo llevar por lo aparentemente válido
Tú eres María si me enseñas el tesoro de lo contemplativo
Soy Marta cuando me ensordece el ruido del mundo
Tú eres María si me invitas a afinar el oído hacia lo divino
Soy Marta cuando me agobian los problemas de cada día
Tú eres María cuando me enseñas la fortaleza de Dios y de su Palabra
Soy Marta cuando pongo en el centro de todo mi esfuerzo
Tú eres María si me haces ver a Dios como fuente de todo
Soy Marta si pierdo el control por lo que me empuja
Tú eres María si me induces al equilibrio y a la esperanza
Soy Marta cuando pienso que en la velocidad reside el triunfo
Tú eres María por frenar mis caprichos y mis impulsos
Soy Marta cuando busco y no alcanzo, cuando trabajo a tiempo y destiempo,
cuando pongo el acento en la pura materialidad.
Tú eres María cuando, simplemente, me invitas a pararme un poco
y ese poco, que es mucho, es ni más ni menos que JESÚS
Lo peor de todo es que, cuando uno es MARTA constantemente, sientes que te vas debilitando, vaciando y acercándote peligrosamente al vértigo de la ausencia de Dios.
Y eso se paga caro.

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El coraje de aceptar la aceptación

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¿Es importante ser aceptado/a?

La pregunta: una de las más hondas necesidades del corazón humano es la de ser apreciado.Todo ser humano desea que lo valoren. No se trata de que todos los demás nos tengan por seres maravillosos. Pero, podríamos decir que toda persona quiere ser amada. Toda persona ansía vivamente que los demás la acepten, y que la acepten verdaderamente por lo que ella es. Nada hay en la vida humana que tenga efectos tan fatales y duraderos como la experiencia de no ser aceptado plenamente. Cuando no se me acepta, algo queda roto dentro de mí. Una vida sin aceptación es una vida en la que deja de satisfacerse una de las necesidades más primordiales.

Ser aceptado/a quiere decir que las personas con quienes vivo me hacen sentir que realmente valgo y soy digno de respeto. Ser aceptado significa que me permitan ser como soy. No tengo, pues, que pasar por alguien que no soy.Y que no me tienen fichado por lo que he hecho en el pasado; que me dejan campo libre para desplegar mi personalidad, para enmendar mis errores pasados y progresar. Sólo cuando soy amado, en ese sentido profun- do de la plena aceptación, puedo llegar a ser realmente yo mismo. Queda, pues, claro que necesito la aceptación de los demás para alcanzar la pleni- tud de mi personalidad. Una persona aceptada será feliz. Podemos decir que aceptar a una persona es no darle motivos nunca para que se sienta poca cosa. No esperar nada de alguien es como matarlo o hacerlo estéril.

La respuesta: Dios me acepta como soy.

Dios me acepta tal como soy -¡tal como soy!- y no tal como debería ser. Yo sé muy bien que nunca, en realidad, sigo fielmente el camino recto. Ha habido muchas curvas, muchos pasos equivocados en el curso de mi vida, que me han conducido hasta el lugar donde estoy. Pero, he aquí que la Escritura me dice “El lugar en que estás es tierra sagrada” (Ex 3,5). Lo cual quiere decir que Dios nunca podrá mirarse la mano sin ver mi nombre… San Agustín dice: “un amigo es alguien que sabe todo de ti y, no obstante, te acepta”. Es el sueño de todos. Que un día me encuentre con la persona con quien realmente pueda yo hablar y que me comprenda, que me escu- che y me acepte tal como soy.

De Ejercicios Espirituales online.  Itinerario 4.  El amor es el fundamento de mi existencia.

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