El Amor. Domingo 30º del Tiempo Ordinario

La comprensión del amor cristiano no solo se enfoca en la pasión o el afecto, sino también en la misericordia. No puedo elegir cómo me siento, pero puedo elegir cómo actuar. (Espacio Sagrado)

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San Mateo (22,34-40):

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, formaron grupo, y uno de ellos, que era experto en la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?»
Él le dijo: «»Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.» Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas.»

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 “Con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”.

Meditación: Sólo desde la experiencia de la unidad tiene sentido el mandato: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Sin la experiencia de que todos somos uno, este mandato es un simple imperativo ético, una exhortación a la voluntad. Pero el auténtico amor al prójimo y a uno mismo no nace de una cepa tan frágil como la voluntad humana, sino que sólo puede nacer de la cepa del amor de Dios. Podemos amar al otro y a nosotros mismos porque nos sentimos amados por Dios. Ese amor, para ser tal, necesita de todo el corazón, de todo el entendimiento y de todo el ser. Ese amor, que no es otra cosa que la oblación de lo que uno es, es lo único que, en último término, sacia al ser humano.

Oración: Que mi amor a ti, Señor, se exprese en todas las personas en las que te escondes.

Acción: Acoge con amor a cada prójimo que te necesite.

Pablo D´Ors ‘Palabra y Vida 2017’

 

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Rezar, curar, anunciar

«Rezar, curar y anunciar son los tres imperativos esenciales de la vida y del ministerio de los presbíteros, quien, de este modo, será fiel a su ordenación y evitará convertirse en un burócrata de lo sagrado». Benedicto XVI

Quien quiera ser sacerdote debe ser sobre todo un “hombre de Dios”. San Pablo (1 Tm 6,11).

«El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”.

  «Te amo, oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
hasta el último suspiro de mi vida.

Te amo, oh infinitamente amoroso Dios,
y prefiero morir amándote que vivir un instante sin amarte.

Te amo, Señor, y la única gracia que te pido es la de amarte eternamente.

Oh mi Dios, si mi lengua no puede decir cada instante que te amo,
quiero que mi corazón lo repita cada vez que respiro.

Te amo, oh mi Dios Salvador,
porque has sido crucificado por mí,
y me tienes aquí crucificado contigo.
Dios mío, dame la gracia de morir amándote
y sabiendo que te amo». Amén.

Santo Cura de Ars

 

Un sacerdote debe pisar donde Cristo pisó. 

Su única ley escrita en papel: El Evangelio.

Su única ley escrita en el corazón: El Amor.

Como  Cristo sirvió así debe servir y como Cristo amó así debe amar.

Su vida tiene que ser solo Cristo y su Voluntad.

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¿Es licito pagar impuestos? Domingo 29º del Tiempo Ordinario

Contexto del Evangelio de este domingo

Jesús llega desde Galilea a Jerusalén para la fiesta anual de la Pascua. Cuando entra en la ciudad es aclamado por la gente (Mt 21,1-11). En seguida entra en el templo de donde expulsa a los vendedores (Mt 21,12-16). Aunque reside en Jerusalén, sin embargo las noches las pasa fuera de la ciudad y vuelve después por la mañana, (Mt 21,17). La situación es muy tensa. En Jerusalén, en las discusiones con las autoridades, los jefes de los sacerdotes, los ancianos y los fariseos, Jesús expresa su pensamiento en parábolas (Mt 21,23 al 22,14). Lo quisieran apresar, pero tienen miedo (Mt 21,45-46). El evangelio de este domingo sobre el tributo al César (Mt 22,15-21) se coloca en este conjunto de conflictos de Jesús con las autoridades.

San Mateo (22,15-21)

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En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta.
Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?»
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.»
Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?»
Le respondieron: «Del César.»
Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

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Algunas preguntas para ayudarnos en la meditación y en la oración.

a) ¿Cuál es el punto del texto que ha llamado más tu atención? ¿Por qué?

b) ¿Cuáles son los grupos de poder que preparan una trampa contra Jesús?

c) ¿Qué hizo Jesús para liberarse de la trampa de los poderosos?

d) ¿Qué sentido tiene hoy la frase: “Pues, dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”

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Reflexión

Jesús se ha dado cuenta de la hipocresía. En su respuesta, no pierde el tiempo en discusiones inútiles y va directamente al meollo de la cuestión:

¿De quién es esta figura y esta inscripción?». Le respondieron: «Del César».Jesús los lleva a la conclusión: “Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”.

De hecho, ellos reconocían ya la autoridad del César. Estaban dando ya al César lo que era del César, porque usaban sus monedas para comprar o vender y hasta para pagar el tributo al Templo. Por consiguiente, la pregunta era inútil. ¿Por qué preguntar por algo, cuya respuesta es ya evidente en la práctica?. Ellos, que por la pregunta fingían el ser siervos de Dios, estaban olvidando la cosa más importante: ¡olvidaban dar a Dios lo que era de Dios! A Jesús le interesa que “den a Dios lo que es de Dios”, o sea, que recuperen al pueblo que por su culpa se había alejado de Dios, porque con sus enseñanzas cerraban al pueblo la entrada del Reino (Mt 23,13). Otros dicen: “Dad a Dios lo que es de Dios”, o sea, practicad la justicia y la honestidad según las exigencias de la ley de Dios, porque a causa de vuestra hipocresía estáis negando a Dios lo que le es debido. ¡Los discípulos deben darse cuenta de esto! Porque era precisamente la hipocresía de estos fariseos y herodianos la que estaba cegando sus ojos (Mc 8,15).

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Hoy, Santa Teresa de Jesús

“Lo único necesario para buscar a Dios, es ponerse en soledad y mirarlo dentro de nosotros mismos”.

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Nada te turbe,
nada te espante,
todo se pasa,
Dios no se muda,
La paciencia,
 todo lo alcanza,
Quien a Dios tiene,
 nada le falta.
Sólo Dios basta.

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La boda del hijo. Domingo 28º del T.O.

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San Mateo (22,1-14):

En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: «Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda.» Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: «La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.» Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: «Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?» El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: «Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.» Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

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Reflexiones

En el Evangelio de este domingo, la parábola de la boda fue pronunciada por Jesús cuando vio que su propia gente estaba actuando para rechazarlo. La historia es simbólica. Pero la invitación que él nos hace es real. Es una invitación a aspirar a la buena vida. La invitación al reino de los cielos es enviada a todos; sin embargo, somos libres para decir sí o no. Sin que importe el estatus que parezco tener en la vida, soy bienvenido/a. Voy a sacudir las vestiduras de mi injusticia y de mi ser mediocre, y me vestiré con las ropas de una persona nueva y más amorosa. Pido a Dios que yo responda, lo mejor que pueda, a su verdadera invitación.

¿Es acaso una suave voz que me susurra desde mi interior Esta es una pequeña y extraña parábola, y el tratamiento enfrentado por el invitado que no traía la ropa de boda adecuada, parece particularmente duro: amárrenlo y arrójenlo a la salida del pueblo. Si tú te presentas a una fiesta sin el vestido adecuado, te destacarás como un pulgar dolorido, a no ser, obviamente, que no pueda importarte menos. Los invitados son de todos tipos, buenos y malos- y cada uno de ellos está vestido apropiadamente.

Ellos se dieron el trabajo de seguir el código de vestimenta apropiado, y esto demuestra respeto por el anfitrión. Excepto, en este caso, por el negligente invitado, que parecía no tener ningún respeto.

¿Podría ser que el Reino está abierto a los fuertes y a los débiles, pero no a los negligentes?¿Es posible que el intenso ritmo de la vida diaria me esté cegando para oír la gloriosa invitación a ser parte de su Reino?El Reino de Dios está abierto para “lo bueno y lo malo” y estamos llamadas/os para ayudar a construirlo. ¿Estoy vestido/a para la ocasión y estoy preparado/a para ser parte de esta maravillosa tarea?

Tal vez puedo reconocerme a mí mismo/a entre los invitados que no aceptaron la invitación. Puede haber habido ocasiones en que mi atención estaba en otro lado, en que no escuchaba las preocupaciones de Dios por mí. Ahora estoy aquí, no por mis propias actuaciones o arreglos, sino respondiendo a la persistencia de Dios. Dios siempre me está buscando, pero yo a veces me enfoco sólo en mi propia búsqueda. Ayúdame, Señor, a respetar tu Palabra, a advertir dónde me hablas, a recibir Tu mensaje en mi corazón, y a responderte dignamente.

Alguna vez preparaste una fiesta y nadie llegó? O sucedió que los que llegaron se quedaron sólo unos momentos, y te das cuenta que tienen algo mejor que hacer? Se puede organizar una fiesta para nuestro hijo, y luego ver su desilusión cuando nadie llega. Algo así sucede en la lectura del Evangelio de hoy. Qué es lo que hace Dios? Dios nos busca realmente; nos quiere tenernos junto a Él y quiere una mesa del banquete llena. La mesa de Dios es para todos: Él se dirige al centro de nuestras vidas para buscar a todo tipo de personas – no sólo unas personas.

Parece duro condenar a una persona que ha sido traída de su negocio callejero a una fiesta matrimonial, por no estar correctamente vestido. Una explicación es que a la entrada de la fiesta se ofrecían a todos los vestidos adecuados. Nuestro amigo mal vestido no tenía excusa; ha rechazado el regalo del rey. Por nuestra parte, Dios nos ha ofrecido mucho – en oración podemos abrir nuestros corazones para recibir lo que nos regala cada día.

El reino de los cielos viene con un gran precio: el sufrimiento y la muerte de Jesús. Si nos ponemos el traje de boda de nuestra salvación, entonces podremos disfrutar del banquete de Dios. Señor, permite que no conciba que no necesito todo lo que Tú has hecho por mí.

Esta parábola, dicha cuando Jesús vio que su propia gente se preparaba para rechazarlo, parece enseñarnos sobre el precio que debemos pagar por pertenecer a una comunidad, y de no esperar privilegios especiales. Si asisto a una boda, y disfruto de la comida y la bebida, entonces debo respetar la ceremonia y vestirme como corresponde. Vivir en comunidad, en paz con personas diferentes a nosotros, es un gran logro personal. Siempre habrá alguien que se ofenderá por el precio que tendrá que pagar.

La invitación al Reino de Dios es enviada a todos, e incluye a los santos y a los pecadores. Pero es una invitación a buscar el bien. Jesús nos advierte contra vestirnos con desaliño, contra dar por sentada nuestra salvación, sin comprometernos a cambiar nuestra vida.

Fueron enviados a las encrucijadas de los caminos, para invitar a los que encontraran allí a las bodas. Los cruces de caminos, como las intersecciones de autopistas, son paraderos donde se juntan todo tipo de personas, llegadas de todas partes. Buenos y malos, judíos y gentiles se encontrarían ahí reunidos, unos junto a otros. No hay porqué temer o avergonzarse de reunirse con diferentes personas en los cruces de caminos. Todos tenemos derecho a detenernos en esos lugares, al hacer un alto en nuestros viajes. La Iglesia es una especie de comunidad de las encrucijadas, donde todos somos bienvenidos, todos podemos encontrar y acoger a otros, y sobre todo, en compasión y justicia, podemos cuidar de cada uno, especialmente de los más necesitados.

De Espacio Sagrado

 

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