Ya no voy a la iglesia

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Un joven llega al cura y dice:
– Padre, ya no iré a la iglesia!

El sacerdote respondió:
– Pero ¿por qué?

El joven respondió:
¡Oh! Veo a la hermana que habla mal de otra hermana; el hermano que no lee bien; el grupo de canto que vive desafinando; las personas que durante las misas se quedan mirando el móvil, entre tantas y tantas otras cosas malas que veo hacer en la iglesia.

Le dije al cura:
– Bien. Pero antes quiero que me hagas un favor: toma un vaso lleno de agua y da tres vueltas por la iglesia sin derramar una gota de agua en el suelo. Después de eso, puedes salir de la iglesia.

Y el joven pensó: ¡muy fácil!
Y dio las tres vueltas como le pidió el sacerdote. Cuando terminó dijo:
– Listo, padre.

Y el sacerdote respondió:
– ¿Cuando estabas dando vueltas, viste a la hermana hablar mal de la otra?
El joven:
– No
¿Has visto a la gente quejarse?
El joven:
– No
¿Viste a alguien mirando móvil?
El joven:
– No
¿Sabes por qué? estabas concentrado en el vaso para no derribar el agua.
Lo mismo es en nuestra vida. Cuando nuestro foco sea nuestro Señor Jesucristo, no tendremos tiempo de ver los errores de la gente.       Autor desconocido.


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Y para ti ¿quién es Él? Domingo 21º del T.O.

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San Mateo (16,13-20):

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»
Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

———————————————————————————-Palabra del Señor

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Comentario Papa Francisco

Jesús siente en su corazón una gran alegría, porque reconoce en Simón la mano del Padre, la acción del Espíritu Santo. Reconoce que Dios Padre ha dado a Simón una fe “fiable”, sobre la cual Él, Jesús, podrá edificar su Iglesia, es decir su comunidad. Es decir, todos nosotros. Todos nosotros.

Jesús tiene el propósito de dar vida a “su” Iglesia, un pueblo fundado ya no en su descendencia, sino en la fe, es decir, en la relación con Él mismo, una relación de amor y de confianza. Nuestra relación con Jesús edifica la Iglesia. Y, por tanto, para iniciar su Iglesia, Jesús tiene necesidad de encontrar en los discípulos una fe sólida, una fe “de confianza”. Esto es lo que Él debe verificar en este punto del camino. Y por eso formula la pregunta.

El Señor tiene en su mente la imagen del construir, la imagen de la comunidad como edificio. He aquí porqué, cuando siente la profesión de fe genuina de Simón, lo llama “piedra”, y manifiesta la intención de construir su Iglesia sobre esta fe.   (Antes del Ángelus del domingo 24 de agosto de 2014)

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Comentario:
«Lectura: “Y vosotros, ¿quién decís que soy?”.
Meditación: Si somos capaces de escuchar la voz de Dios y de, como Pedro, ponerla en palabras, si somos capaces de vivir y de ser desde lo hondo de nosotros mismos, entonces Dios nos bendice (“dichoso tú”); y nos otorga nuestra verdadera identidad (“tú eres Pedro”); y nos hace fecundos (“sobre esta piedra voy a edificar mi Iglesia”), dándonos autoridad, que no es sino identidad reconocida (“te daré las llaves”). Todo este proceso maravilloso, que es el de la verdadera humanización, se despliega con una única condición: hemos de preguntarnos: ¿quién soy yo?, ¿quién es Él?
Oración: Pidamos hoy por los líderes de la Iglesia, para que sean siempre pastores fieles de su rebaño.
Acción: Cuando te encuentres junto a una persona con la que no acabes de conectar, pregúntate: ¿quién es?, ¿quién soy yo para ella?, antes de rechazarla.»   Pablo D´Ors

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Oración de los primeros pasos

 Hazme hábil y creativo para notar a tiempo, en la multiplicidad y variedad de lo cotidiano, los conocimientos y experiencias que me atañen personalment

Ayúdame a distribuir correctamente mí tiempo: dame la capacidad de distinguir lo esencial de lo secundario.

Te pido fuerza, auto-control y equilibrio para no dejarme llevar por la vida y organizar sabiamente el curso del día.

Ayúdame a hacer cada cosa de mi presente lo mejor posible, y a reconocer que esta hora es la más importante.

Guárdame de la ingenua creencia de que en la vida todo debe salir bien. Otórgame la lucidez de reconocer que las dificultades, las derrotas y los fracasos son oportunidades en la vida para crecer y madurar.

Envíame en el momento justo a alguien que tenga el valor de decirme la verdad con amor.

Haz de mí un ser humano que se sienta unido a los que sufren. Permíteme entregarles en el momento preciso un instante de bondad, con o sin palabras.

No me des lo que yo pido, sino lo que necesito. En tus manos me entrego.

¡Enséñame el arte de los pequeños pasos!

————————————————————————–Antoine de Saint-Exupéry

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Aliviar el sufrimiento. Domingo 20º del T.O.

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San Mateo (15,21-28):

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada.
Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.»
Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.»
Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»
En aquel momento quedó curada su hija.

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Que se cumpla lo que deseas.

Jesús vivía muy atento a la vida. Es ahí donde descubría la voluntad de Dios. Miraba con hondura la creación y captaba el misterio del Padre que lo invitaba a cuidar con ternura a los seres más pequeños. Abría su corazón al sufrimiento de la gente y escuchaba la voz de Dios que lo llamaba a aliviar su dolor.

Los evangelios nos han conservado el recuerdo de un encuentro que tuvo Jesús con una mujer pagana en la región de Tiro y Sidón. El relato es sorprendente y nos descubre cómo aprendía Jesús el camino concreto para ser fiel a Dios.

Una mujer sola y desesperada sale a su encuentro. Sólo sabe hacer una cosa: gritar y pedir compasión. Su hija no sólo está enferma y desquiciada, sino que vive poseída por un «demonio muy malo». Su hogar es un infierno. De su corazón desgarrado brota una súplica: «Señor, socórreme».

Jesús le responde con una frialdad inesperada. Él tiene una vocación muy concreta y definida: se debe a las «ovejas descarriadas de Israel». No es su misión adentrarse en el mundo pagano: «no está bien echar a los perros el pan de los hijos».

La frase es dura, pero la mujer no se ofende. Está segura de que lo que pide es bueno y, retomando la imagen de Jesús, le dice estas admirables palabras: «Tienes razón, Señor; pero también los perros comen migajas que caen de la mesa de sus amos».

De pronto, Jesús comprende todo desde una luz nueva. Esta mujer tiene razón: lo que desea coincide con la voluntad de Dios que no quiere ver sufrir a nadie. Conmovido y admirado le dice: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».

Jesús que parecía tan seguro de su propia misión, se deja enseñar y corregir por esta mujer pagana. El sufrimiento no conoce fronteras. Es verdad que su misión está en Israel, pero la compasión de Dios ha de llegar a cualquier persona que está sufriendo.

Cuando nos encontramos con una persona que sufre, la voluntad de Dios resplandece allí con toda claridad. Dios quiere que aliviemos su sufrimiento. Es lo primero. Todo lo demás viene después. Ése fue el camino que siguió Jesús para ser fiel al Padre.

—————————————————————————José Antonio Pagola

 

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Asunción de María. 15 de agosto.

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San Lucas (1,39-56):

En aquellos días, Maria se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de Maria, saltó la criatura en su vientre.
Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia –como lo había prometido a nuestros padres– en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

 

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«María visita a Isabel, sí, pero quienes realmente se están visitando en esta escena son Juan y Jesús, aún no nacidos, pero ya vivos en el vientre de sus respectivas madres. El encuentro conmueve a las mujeres; lo que permite su con-moción es que ambas están habitadas por dentro. En realidad, algo tendría que moverse en nuestro interior cada vez que nos situamos ante un ser humano, cada vez que se produce ese milagro que llamamos encuentro o relación. En la fiesta de la Asunción, el Evangelio parece estar diciéndonos que algo tendría que moverse en nosotros cuando nos visita un nuevo día, una nueva noche, un nuevo pensamiento o sentimiento, un nuevo horizonte o una nueva perspectiva, un silencio inexplorado, una palabra inédita… Para quien está despierto, que es lo mismo que decir para quien está vivo, todo es un misterio de permanente e insospechada visitación.«——————————————————————————Pablo D´Ors

 

 

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María, llena de Gracia visita a Isabel. Y Juan, en el vientre de su madre, reconoce a Jesús, su Salvador.

 

 

Padre, te pido por todos los que no reconocen a los seres humanos desde su concepción. Amén.

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