Noche Buena

Reflexionemos esta noche en los pastores.

¿Qué tipo de hombres son? En su ambiente, los pastores eran despreciados; se les consideraba poco de fiar y en los tribunales no se les admitía como testigos. Pero ¿quiénes eran en realidad?

Eran almas sencillas.

Eran personas vigilantes.

Estaban dispuestos a oír la palabra de Dios, el anuncio del ángel. Su vida no estaba cerrada en sí misma; tenían un corazón abierto.

Por vosotros ha nacido el Salvador: lo que el Ángel anunció a los pastores, Dios nos lo vuelve a decir ahora por medio del Evangelio y de sus mensajeros. Esta es una noticia que no puede dejarnos indiferentes. Si es verdadera, todo cambia. Si es cierta, también me afecta a mí.

El Evangelio no nos narra la historia de los pastores sin motivo.

Ellos nos enseñan cómo responder de manera justa al mensaje que se dirige también a nosotros. ¿Qué nos dicen, pues, estos primeros testigos de la encarnación de Dios?

 

 

Publicado en Hoy, Reflexiones | Etiquetado , | Comentarios desactivados en Noche Buena

El cielo de Belén

Clic en la imagen

Tengo mi cielo escondido en un pesebre. Mirada divina, sonrisa inefable, corazón tan humano de Dios que hablas a solas y en secreto. ¡Oh noche deseada por los siglos! Noche iluminada con la dulzura de la presencia del Verbo hecho Niño para el mundo. Prodigio inefable el de tu misericordia, que te mueve a venir a mí para transformarme en Ti. Noche luminosa y clara que revela en la pobre carne de un Niño las delicias de la Trinidad. En Ti, Jesús, dulce amor de María y de José, encuentro el cielo de mi alma.

Es mi cielo encontrarme con la mirada de mi Dios, sintiendo la suave intimidad de dos corazones unidos por la pequeñez y la pobreza. Es mi cielo esa sonrisa de infante que me invita a esperar en la fe oscura, a abandonarme en El con corazón de hijo, a sentirme amado y envuelto a raudales en la misericordia divina de cada instante de mi vida. Es mi cielo vivir para este Dios que amo y adoro cuando El quiere esconderse en la pobreza de mi carne pecadora. Es mi cielo callar agradecido ante un Dios que así se abaja y humilla por amor a mi nada. ¡Oh, Señor, Humildad enamorada de mi pobreza, que sepa ver torrentes de tu luz en la noche profunda de mi alma! Revísteme de tus armas para que a tus pies, en Belén, emprenda yo una carrera de gigante por el camino de la caridad. Mi cielo has de ser sólo Tú, Señor, mi Verbo humanado, que te encarnas en la tierra de mi vida, descansas en el pesebre de mi alma y te ocultas abajado entre las pajas de mi nada. Que viéndote Niño en mí, aprenda yo a adorarte en cada alma que pones a mi lado, en el camino de cada día. Que en cada hijo de la Iglesia sepa descubrir tu rostro de Niño eterno naciendo día a día entre las pajas de su vida. Que en ellos mire yo tus mismos ojos, aquellos con los que un día me enamoraste y hablaste en el alma.

Encuentro mi cielo en el corazón de la Virgen Madre, allí donde Dios guarda y contempla todos sus secretos. Corazón virginal de Madre que deshojas en adoración ante tu Verbo humanado pétalos de humildad, vacío y pequeñez. Tu regazo materno fue el cielo de Jesús durante su vida en la tierra. Tú eres también dulzura y alivio de cielo en mis noches de Belén, cuando mi Dios duerme, se esconde y calla en la desnudez de la fe. Humildad de un Dios enamorado de la debilidad y de la nada. Haz que sepa yo encontrar mi cielo adorándote en mi noche de Belén. Pobreza y vacío han de hacerme cada vez más hijo, más niño, como este Niño de Belén.

Abre, pues, tu corazón a este Verbo entrañable para que Él nazca en Ti y tú mores en El como en tu pesebre. Déjale a El hacer de ti un cielo de Belén y un pesebre materno para tantas almas huérfanas que buscan a Dios en la noche fría y solitaria de su alma. Déjale hacer en tu alma su cielo, santuario de intimidad con el Espíritu Santo latiendo al unísono con el alma de María. Ella también adora y ama en Ti a este Verbo eterno y silencioso hecho carne en Belén, que fecunda y consagra el seno materno de las vírgenes.

¡Oh fuente inagotable de amor! ¿Qué buscas en mí a cambio de tanta gracia? Todo es tuyo, Señor, todo cuanto soy y todo aquello con que te sirvo; y, sin embargo, más me sirves Tú a mi que yo a Ti. Que sea siempre ese mi único deseo: dejar que Tu, Señor, vayas haciendo de mi vida un cielo y sea yo un regazo materno, un pesebre de tu amor y tu consuelo para el mundo.

Juan Pedro Ortuño, El silencio del pesebre

Publicado en Jesús | Etiquetado , , | Comentarios desactivados en El cielo de Belén

¡Bendita tú entre las mujeres! Domingo 4º de Adviento

Clic descargar presentación

San Lucas (1,39-45):

En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a un a ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó:
«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

Clic descargar presentación

  • Es muy bueno quedarse contemplando esta escena en calma… Dos mujeres se encuentran, ambas bendecidas y ambas llamadas a colaborar en los misteriosos designios de Dios.
  • Isabel recibe la gracia de la visión interior, que le permite apreciar lo que está sucediendo, y quién está realmente presente…
  • ¿En mi vida, puedo apreciar lo que está pasando, y quién está realmente presente?
  • Este Evangelio es el canto de alabanza de María a Dios, por todo lo que Él ha hecho por ella y por su pueblo. ¿Has tratado alguna vez de escribir tu propio Magnificat – tu oración o tu canto de gratitud a Dios por todo lo que Dios ha hecho por tí y por otros, como María lo escribió? Abre en tu computador un archivo con el título de «Gracias» y comienza a llenarlo con oraciones. Recuerda el día de hoy, esta semana, este año, el pasado y el presente, tus dones personales y todo lo que otros te han dado en tu vida. Da las gracias. Un corazón agradecido es un corazón abierto al amor y a Dios.
  • La gozosa bienvenida de Isabel a María debe haberse originado a lo largo de años de pensar en esa forma. Al estar familiarizada de contar las bendiciones recibidas y de reconocer su origen, ella fué capaz de reconocer a María y dar gracias a Dios. Pienso en las bendiciones de mi vida y agradezco a Dios por las personas que han intervenido.
  • En oración, presento ante el Señor a todas las personas que me ayudan a ser un discípulo. Recuerdo especialmente aquellos que me hacen sonreír, les doy las gracias y rezo por ellos y ellas.
  • Isabel tuvo que esperar un largo tiempo para reconocer el cumplimiento de la promesa que Dios le había hecho. Ruego por tener paciencia y por una mayor capacidad para percibir las bendiciones que recibo de Dios.
  • A pesar de su situación personal, María fue en ayuda de su prima. Dejo un espacio para el Espíritu Santo en mis actividades del día.
  • Pienso en las bendiciones que mis amigos han sido para mí, y recuerdo en especial a los que me comprendieron a fondo. Considero cómo podría acercarme a los que me rodean con amor, y ofrecerles apoyo y esperanza.
  • El Espíritu del Señor en Isabel se regocija con la presencia de María. Rezo por aquellos que han sido amigables conmigo, por todos aquellos compañeros/as o ejemplos que han elevado mi corazón.
  • María. una madre embarazada, se pone en camino. Ella llevaba la Palabra dentro de ella. Tomo esta escena como inspiración y la veo como un recordatorio de quien soy yo hoy en día: yo llevo la palabra del Señor en mí, como alimento para mí y para aquellos a mi alrededor.

De Espacio Sagrado

Publicado en Evangelio | Etiquetado , , , , , , | Comentarios desactivados en ¡Bendita tú entre las mujeres! Domingo 4º de Adviento

Tercer domingo de Adviento (gaudete)

Clic descargar presentación

San Lucas (3,10-18):

En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:
«¿Entonces, qué debemos hacer?»
Él contestaba:
«El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».
Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:
«Maestro, ¿qué debemos hacemos nosotros?»
Él les contestó:
«No exijáis más de lo establecido».
Unos soldados igualmente le preguntaban:
«Y nosotros, ¿qué debemos hacer nosotros?»
Él les contestó:
«No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga».
Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos:
«Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga».
Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio.

Clic descargar presentación

¿QUÉ PODEMOS HACER?

La predicación del Bautista sacudió la conciencia de muchos. Aquel profeta del desierto les estaba diciendo en voz alta lo que ellos sentían en su corazón: era necesario cambiar, volver a Dios, prepararse para acoger al Mesías. Algunos se acercaron a él con esta pregunta: ¿Qué podemos hacer?

El Bautista tiene las ideas muy claras. No les propone añadir a su vida nuevas prácticas religiosas. No les pide que se queden en el desierto haciendo penitencia. No les habla de nuevos preceptos. Al Mesías hay que acogerlo mirando atentamente a los necesitados.

No se pierde en teorías sublimes ni en motivaciones profundas. De manera directa, en el más puro estilo profético, lo resume todo en una fórmula genial: «El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, que haga lo mismo». Y nosotros, ¿qué podemos hacer para acoger a Cristo en medio de esta sociedad en crisis?

Antes que nada, esforzarnos mucho más en conocer lo que está pasando: la falta de información es la primera causa de nuestra pasividad. Por otra parte, no tolerar la mentira o el encubrimiento de la verdad. Tenemos que conocer, en toda su crudeza, el sufrimiento que se está generando de manera injusta entre nosotros.

No basta vivir a golpes de generosidad. Podemos dar pasos hacia una vida más sobria. Atrevernos a hacer la experiencia de «empobrecernos» poco a poco, recortando nuestro actual nivel de bienestar para compartir con los más necesitados tantas cosas que tenemos y no necesitamos para vivir.

Podemos estar especialmente atentos a quienes han caído en situaciones graves de exclusión social: desahuciados, privados de la debida atención sanitaria, sin ingresos ni recurso social alguno… Hemos de salir instintivamente en defensa de los que se están hundiendo en la impotencia y la falta de motivación para enfrentarse a su futuro.

Desde las comunidades cristianas podemos desarrollar iniciativas diversas para estar cerca de los casos más sangrantes de desamparo social: conocimiento concreto de situaciones, movilización de personas para no dejar solo a nadie, aportación de recursos materiales, gestión de posibles ayudas…

Para muchos son tiempos difíciles. A todos se nos va a ofrecer la oportunidad de humanizar nuestro consumismo alocado, hacernos más sensibles al sufrimiento de las víctimas, crecer en solidaridad práctica, contribuir a denunciar la falta de compasión en la gestión de la crisis… Será nuestra manera de acoger con más verdad a Cristo en nuestras vidas.

José Antonio Pagola

 

Publicado en Evangelio | Etiquetado , , , | Comentarios desactivados en Tercer domingo de Adviento (gaudete)

Guadalupe, 12 de diciembre

En diciembre de 1531 la Virgen se aparece varias veces al indio San Juan Diego en el Monte Tepeyac.  Le pide que quiere allí un templo en el llano. Que se lo diga al Obispo. Y le añade: «Como Madre, allí mostraré mi clemencia amorosa para todos los que soliciten mi amparo. Y oiré sus lágrimas y sus ruegos para darles consuelo y alivio. Porque soy vuestra Madre compasiva».

El obispo pide una prueba, entonces María le dice a Juan Diego que coja unas flores. Las recogió en la tilma y se las llevó al Obispo. Cuando Juan Diego está delante del Obispo y suelta la tilma donde llevaba las rosas, éstas cayeron al suelo como milagro ya que no era tiempo de rosas. En la tilma apareció estampada la imagen de la Virgen. Esto ocurrió el 12 de diciembre de 1531.

 

Publicado en María | Etiquetado , , | Comentarios desactivados en Guadalupe, 12 de diciembre