Medalla Milagrosa

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Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa es mi alegría y mi refugio.
Es mi consuelo en las noches oscuras y mi esperanza en la tormenta.
Ella nos dio un regalo diseñado en el Cielo, La Medalla Milagrosa. Tiene todo lo que es María: su belleza, su bondad, su amor, su entrega, el cuidado de sus hijos. En ella aparecen las doce estrellas de las que habla la Biblia rodeando los Corazones de Jesús y de María, la Cruz y debajo la M de María y de Madre. En ella podemos leer: «¡Oh María sin pecado concebida!, rogad por nosotros que recurrimos a Vos». Repetida esta oración muchas veces es una meditación que nos ayuda a vaciarnos de nosotros mismos.
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Adviento

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Jesucristo, Rey del Universo. Domingo 34º del T. O.

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San Juan (18,33b-37)

En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: «¿Eres tú el rey de los judíos?»
Jesús le contestó: «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»
Pilato replicó: «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»
Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»
Pilato le dijo: «Conque, ¿tú eres rey?»
Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»

Reflexiones

      • En estos tiempos de noticias falsas, es tan refrescante oír a Jesús proclamar solemnemente que nació y vino al mundo para testificar la verdad. La verdad básica es que Dios es amor, y ama el mundo que creó, tanto que envió a su hijo a salvarlo. Me pregunto cuán importante es la verdad para mí, y hasta qué punto estoy comprometido a encontrarla y a vivir de acuerdo a ella. Pido la gracia de buscar y escuchar su voz.
    •  –
      “Mi reino no es de este mundo”. Del resto de las palabras de Jesús, y especialmente de sus acciones, es obvio que Él no quiere decir que su reino sea totalmente de otro mundo, teniendo nada que ver con los asuntos de este mundo. Él quiere decir que su reino no está construido sobre la base de buscar el poder a toda costa y con violencia, como la mayoría de los “reinos” de este mundo, sino que en otros valores, principalmente en el amor, la misericordia y la solidaridad universal. Evalúo cuanto influye mi fe en Jesús, en mis decisiones en el mundo en que vivo.Poncio Pilatos ha permanecido en la historia como el hombre que hizo morir a Jesús. Sin embargo, Pilatos no encontró culpable a Jesús, sino que lo envío para que Herodes lo juzgara. Jesús dijo que su reino no era de este mundo, pero que aquellos que creían en Él oirían su voz.

      Jesús, en el medio de todo el ruido y las distracciones de este mundo, encontramos difícil oír Tu Voz. Abre nuestros oídos, Señor, para que podamos oír y tomar en cuenta Tu Palabra.

    De Espacio Sagrado

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Amor de Dios

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Ahora bien, Dios me quiere con mis sacrificios y mis alegrías, con mis
éxitos y mis fracasos. Dios es el fundamento más radical de mi ser entero.
Una cosa es saberme aceptado; pero sentirlo vivamente es otra cosa com-
pletamente distinta. No basta haber palpado el amor de Dios. Se necesita
mucho más que eso para construir la vida sobre el amor de Dios. Hace
falta mucho tiempo para llegar a creer que Dios me acepta tal como soy.
Siempre se nos ha dicho que es importante amar a Dios y, por supues-
to, es la pura verdad. ¡Pero es mucho más importante el que Dios nos ame
a nosotros! San Juan nos dice:
“El amor consiste en esto: no en que nosotros
hayamos amado a Dios, sino en que Él nos ha amado a nosotros”.

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Esto es lo
fundamental de nuestra fe: el amor de Dios hacia nosotros. La noche antes
de su muerte, Jesús pidió a su Padre: Tú
“que los amas tanto como me amas
a mí… que el amor que me tienes esté en ellos”
(Jn 17, 23-26). Parece incre-
íble que Dios nos ame tanto como a su propio Hijo, Jesucristo. Y, sin
embargo, esto es precisamente lo que nos dice la Escritura.
Por eso algunos definen la fe como “el coraje de aceptar la aceptación”,
refiriéndose a la aceptación nuestra por parte de Dios. Tal vez no nos
demos cuenta de que la fe exige mucho coraje de nuestra parte. El coraje
de creer que Dios nos ama, nos acepta. A veces nos pasa que cuando nos
ocurre algún acontecimiento adverso, casi siempre nuestra primera reac-
ción es la de quejarnos: “¿Cómo es posible que Dios permita tal cosa?”.
Ponemos en duda el amor de Dios. Hay que tener coraje para creer en la
aceptación de Dios pase lo que pase. Nos cuesta creer que el amor de Dios
es infinito. Lo único que podemos hacer es lanzarnos en su profundidad
insondable; pero nos da miedo soltarnos de nuestra seguridad y lanzarnos.
Resulta más o menos fácil creer en el amor de Dios en general, pero es
muy difícil creer en el amor que me tiene personalmente a mí -¿por qué
a mí?-. En realidad son poquísimas las personas que son capaces de acep-
tarse a sí mismas, y de creer que Dios las ama. La autoaceptación es un acto
de fe. Si Dios me ama, yo tengo que aceptarme a mí mismo. No puedo ser
más exigente que Dios, ¿verdad?
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Mis palabras no pasarán. Domingo 33º del T O

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San Marcos (13,24-32):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «En aquellos días, después de esa gran angustia, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte. Aprended de esta parábola de la higuera: Cuando las ramas se ponen tiernas y brotan las yemas, deducís que el verano está cerca; pues cuando veáis vosotros suceder esto, sabed que él está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán, aunque el día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, sólo el Padre.»

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  • A medida que nos aproximamos al final del año litúrgico, las lecturas nos recuerdan este aspecto de las enseñanzas de Jesús: su insistencia en la urgencia de nuestra situación y la necesidad de decidir a la luz del juicio inminente. Él será el juez que vendrá con todo su poder y su gloria, cuando se pruebe que sus enseñanzas y sus seguidores están en lo correcto.
  • Jesús no dice estas cosas para asustarnos, sino para convencernos de la necesidad de estar vigilante, estar preparados. El día de su venida es el anuncio de la salvación y de la reivindicación de la rectitud, un día de gozo más que de temor. Aún así, necesitamos estar alertas para no ser pillados desprevenidos cuando venga ese día misterioso. Agradezco a Jesús por estas palabras reconfortantes y pido la gracia de llevar una vida atenta en vez de superficial.
  • Nosotros frecuentemente oímos la frase “el signo de los tiempos”. Este Evangelio es acerca de los signos del final de los tiempos. ¿Hay una cierta tensión entre la descripción de ciertos eventos (tomados en parte del libro de Daniel) y el último verso, el cual dice que “acerca del día y la hora… nadie lo sabe… solamente el Padre”?
  • Algunos cristianos han sido llevados por mal camino, por estar obsesionados con variados tipos de signos, y profetizando el inminente fin del mundo. Puede ser más prudente esperar lo inesperado, y simplemente estar preparados para dar la bienvenida al Hijo del Hombre cuando sea que éste venga. Y en el intertanto ser consolados por las palabras de Jesús: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”

Espacio Sagrado

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