Cuaresma

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Propósitos para esta Cuaresma: acercarse a la oración, dar limosna, ayunar, no considerar qué hacer para transformarnos a nosotros mismos, sino más bien desde el punto de vista de las decisiones de Dios para transformarnos.

Vemos la Cuaresma con demasiada frecuencia como una serie de resoluciones de Año Nuevo: abandonar un mal hábito, compartir más con los pobres, arraigar más en la oración. Pero la Cuaresma no es una cuestión de superación personal. La Cuaresma es un tiempo de conversión, durante el cual Dios trata con nuestra conversión. Nosotros no

La Cuaresma no es un proyecto de superación personal. Es más bien un tiempo para permitir que Dios nos transforme. Es el momento de la colaboración consciente con las gracias divinas, donde Dios dirige y seguimos, como un buen compañero de baile. Podemos elegir seguirlo o no, pero Dios siempre guía.

¿En un nivel concreto? La respuesta dependerá de cada uno de nosotros, de modo que una Cuaresma que siga a Dios debe basarse en la oración. Procuremos escuchar la voz de Dios, dejándonos sorprender por su llamada durante esta Cuaresma.

 

De Marina McCoy en dotMagis, el blog de IgnatianSpirituality.com

 

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Aviso

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Al Señor, tu Dios, adorarás. Domingo 1º de Cuaresma.

Cic en la imagen. 1ª tentación

San Lucas (4,1-13):

En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo.
Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.»
Jesús le contestó: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre».
Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mi, todo será tuyo.»
Jesús le contestó: «Está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto».
Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: «Encargará a los ángeles que cuiden de ti», y también: «Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras».
Jesús le contestó: Está mandado: «No tentarás al Señor, tu Dios».
Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.

Reflexiones

Clic en la imagen. 2ª tentación

En el desierto, Jesús no engancha con las tentaciones del demonio. Él simplemente cita la palabra de Dios en la escritura. La palabra de Dios tiene poder, incluso sobre los demonios.

La experiencia de Jesús nos enseña que no hay nada malo con ser tentados/as. Lo que importa es cómo reaccionamos a la tentación. Una breve oración o una cita de la palabra de Dios nos ayudará a que desaparezca. Por ejemplo, “No nos dejes caer en la tentación” o “debo perdonar, no una sino setenta veces”.

Señor, Tú les contaste de estas tentaciones a tus discípulos; ¿qué otros deberían haberlas conocido? ¿Puedo poner palabras a mis propias tentaciones? ¿Mis debilidades o mis maldades que me atraen a mí en particular? ¿Puedo yo ver mis tentaciones como las ves Tú, en contraste con el telón de fondo de la vocación por la cual Tú me llamaste?

Clic en la imagen. 3ª tentación

Jesús, como Moisés antes que Él, se retira al desierto donde ayuna por cuarenta días. Cada tentación trae consigo un mayor poder: poder sobre los elementos de la Creación, al convertir piedras en panes; poder político y militar al ganar poder sobre los reinos de este mundo, y poder para forzar la protección de Dios en forma inapropiada. Que Jesús fué tentado durante su ministerio era conocido por la naciente Cristiandad. La Carta a los Hebreos nos dice: «Nuestro Sumo Sacerdote (Jesús) no se queda indiferente ante nuestras debilidades, pues ha sido probado en todo igual que nosotros, a excepción del pecado».

En el desierto, Jesús no cae en las tentaciones del demonio. Simplemente cita la palabra de Dios en la escritura. La palabra de Dios tiene poder, incluso sobre los demonios.

¿Puedo yo poner en palabras mis propias tentaciones, las debilidades y las maldades que me atraen especialmente?

La experiencia de Jesús nos enseña que no hay nada malo con ser tentados. Una breve oración o una cita de la palabra de Dios nos ayudará a desecharla. Por ejemplo, “no me dejes caer en la tentación” o “debo perdonar, no una sino setenta veces”.

                                                                                                        De Espacio Sagrado

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P. Reino

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El Padre Nuestro

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El Padre Nuestro nos pide que nuestras necesidades sean solucionadas; pide que se perdonen nuestras transgresiones, y pide que se nos proteja del mal. Rezando esta oración es una señal de gratitud para Jesús, en que le decimos que hemos escuchado su consejo, y que, tal como Él, estamos de acuerdo en colocar nuestras vidas en las manos de Dios. 

Lo que demuestra esta oracion es que rezar debería ser simple y sin esfuerzo. Dios desea que nuestras oraciones sean eficientes, y que nosotros llevemos nuestras vidas tal como nos ha pedido a todos – servir a los demás y cuidar a la creación. Al reducir las oraciones de parloteo, oraciones con pedidos que arrojamos a Ios a lo largo de todo el día, nos permite relajarnos en la Presencia de Dios y tener fe en su plan divino.

Otra forma de orar es reducir nuestras oraciones a una simple y poderosa palabra. Dios. Jesús. Amor… Las palabras poseen un poder innato para transformarnos. Pueden sanar y rejuvenecer. Al repetir una palabra sagrada a lo largo del día, concentra nuestra oración y dejamos de enfocarnos en nosotros mismos. Al usar menos palabras, que se diría que rezamos menos, rezamos más.

MicroShifts

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