Corpus Christi

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San Juan (6,51-58):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»
Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»
Entonces Jesús les dijo: «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.                                          —————————————————————————-Palabra del Señor

 

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«Ven a comulgar. Quiero que comulgues conmigo. Te prometo la Vida para siempre».

Hoy es un día grande porque he recibido a Jesús en mi.  Me pregunto con frecuencia cómo pueden vivir sin Él los que no comulgan.

Ir a la Iglesia, escuchar la Palabra de Dios, adorar a Jesús cuando el sacerdote alza su Cuerpo y su Sangre, arder en deseos de comulgar y, cuando llega el momento, ser como uno sólo Él y yo; entonces vivo una experiencia imposible de describir con las palabras humanas, ya que no hay nada comparable en todo el universo: “Sentirse habitada por Dios, percibir a Cristo encontrándose con el Padre en mi alma que se llena del gozo del Espíritu,  sentir su Presencia en mi vida dándome  paz y tranquilidad sin fin.»

Él me da el alimento para que no muera, ya nada me puede faltar porque el autor de todo está en mi.

 

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—————————————Meditación del Papa Francisco

Cuando tomamos y comemos ese Pan, somos asociados a la vida de Jesús, entramos en comunión con Él, nos comprometemos a realizar la comunión entre nosotros, a transformar nuestra vida en don, sobre todos a los más pobres.

La fiesta de hoy evoca este mensaje solidario y nos impulsa a acoger la invitación íntima a la conversión y al servicio, al amor y al perdón. Nos estimula a convertirnos, con la vida, en imitadores de lo que celebramos en la liturgia. El Cristo, que nos nutre bajo las especies consagradas del pan y del vino, es el mismo que nos viene al encuentro en los acontecimientos cotidianos; está en el pobre que tiende la mano, está en el que sufre que implora ayuda, está en el hermano que pide nuestra disponibilidad y espera nuestra acogida. Está en el niño que no sabe nada de Jesús, de la Salvación, que no tiene fe.  Está en cada ser humano, también en el más pequeño e indefenso.

La Eucaristía, fuente de amor para la vida de la Iglesia, es escuela de caridad y de solidaridad. Quien se nutre del Pan de Cristo ya no puede quedar indiferente ante los que no tienen el pan cotidiano. Y hoy sabemos es un problema cada vez más grave. (S.S. Francisco, Angelus 7 de junio de 2013).

El Papa Francisco está repitiendo que los miedos, las dudas, la falta de audacia… pueden impedir de raíz impulsar la renovación que necesita hoy la Iglesia. En su Exhortación “La alegría del Evangelio” llega a decir que, si quedamos paralizados por el miedo, una vez más podemos quedarnos simplemente en “espectadores de un estancamiento infecundo de la Iglesia”.

Sus palabras hacen pensar. ¿Qué podemos percibir entre nosotros?    ¿Nos estamos movilizando para reavivar la fe de nuestras comunidades cristianas, o seguimos instalados en ese “estancamiento infecundo” del que habla Francisco? ¿Dónde podemos encontrar fuerzas para reaccionar?
Una de las grandes aportaciones del Concilio fue impulsar el paso desde la “misa”, entendida como una obligación individual para cumplir un precepto sagrado, hacia la “eucaristía” vivida como celebración gozosa de toda la comunidad para alimentar su fe, crecer en fraternidad y reavivar su esperanza en Cristo.

 

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“Los que ya comen la carne del Señor y beben su sangre, mediten lo que comen y lo que beben, no vayan, según el Apóstol, a comer y beber su propia condenación. Los que todavía no comulgan, apúrense a venir a este banquete, al que se hallan invitados. En estos días los magistrados reparten víveres; Cristo lo hace a diario; su mesa es aquella que se alza en el centro de la Iglesia… Para no comer y beber en daño irremediable suyo, vivan bien; exhortadlos a ello, no de palabra, sino con vuestras costumbres, y así los que aún no recibieron el bautismo se apresuren a seguiros; pero de modo que no mueran al imitaros”

Acerquémonos y saciémonos. ¿Quiénes se acercaron sino los mendigos, los débiles, los cojos y los ciegos?

No vinieron los ricos sanos, quienes creían que andaban bien y que tenían la vista despierta, es decir, los que presumían mucho de sí y, por lo mismo, casos más desesperados cuanto más soberbios. Vengan, pues, los mendigos, ya que invita el que siendo rico se hizo pobre por nosotros, para que los mendigos nos enriqueciéramos con su pobreza. Vengan los débiles, porque no necesitan del médico los sanos, sino los enfermos. Vengan los cojos diciéndole: ‘Endereza mis pasos conforme a tu palabra’. Vengan los ciegos con estas palabras: ‘Ilumina mis ojos para que jamás me duerma en la muerte“

————————————-S Agustín (Sermón  132,1-2 y 112,8)

 

 

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Santísima Trinidad

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Evangelio:
«En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: “Tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo único, para que todo aquel que cree en él no muera, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo. El que cree en el Hijo de Dios no está condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado por no creer en el Hijo único de Dios”.»

 

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Meditación del Papa Francisco

El Evangelio de hoy nos propone las palabras dirigidas por Jesús a Nicodemo: “Dios, amó tanto al mundo, que dio a su Hijo unigénito”. Escuchando esta Palabra, dirigimos la mirada de nuestro corazón a Jesús Crucificado y sentimos dentro de nosotros que Dios nos ama, nos ama de verdad, y ¡nos ama mucho! Esta es la expresión más sencilla que resumen todo el Evangelio, toda la fe, toda la teología: Dios nos ama con amor gratuito y sin límites. Así nos ama Dios. […]

San Pablo nos recuerda: “Pero Dios, que es rico en misericordia –no olvidarlo nunca, es rico en misericordia– por el gran amor con que nos amó, precisamente cuando estábamos muertos a causa de nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo”. La Cruz de Cristo es la prueba suprema del amor de Dios por nosotros: Jesús no ha amado “hasta el extremo”, es decir, no solo hasta el último instante de su vida terrena, sino hasta el extremo límite del amor. Si en la creación el Padre nos ha dado la prueba de su amor inmenso dándonos la vida, en la Pasión de su Hijo nos ha dado la prueba de las pruebas: ha venido a sufrir y morir por nosotros. Y esto por amor. Así de grande es la misericordia de Dios, porque nos ama, nos perdona con su misericordia, Dios perdona todo y Dios perdona siempre.

María, Madre de misericordia, nos ponga en el corazón la certeza de que somos amados por Dios. Esté cerca de nosotros en los momentos de dificultad y nos done los sentimientos de su Hijo. (S.S. Francisco, Ángelus del 15 de marzo de 2015).

Compartir el Bautismo significa que todos somos pecadores y que necesitamos la salvación que Dios nos ofrece, todos experimentamos la misma llamada a salir de las tinieblas e ir al encuentro de Dios lleno de misericordia. (Homilía de S.S. Francisco, 20 de enero de 2016).

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Comentario:
«Lectura: “Dios envió a su Hijo al mundo para salvarlo”.
Meditación: Si al levantarnos cada mañana nos preguntáramos ¿a quién puedo ayudar?, todo cambiaría. Una sonrisa, una llamada telefónica, una visita… Basta muy poco para alumbrar la vida de quienes tenemos a nuestro lado. Y dado que hay que trabajar, ¿por qué no hacerlo cuidadosa y amorosamente, consagrados al disfrute de lo que tenemos entre manos? Todo responde en la medida en que ponemos en ello vida y corazón. Podemos salvar este día, no condenarlo. Podemos salvar a esta persona, no hundirla más en su miseria negándole un poco de nuestra atención. Podemos hacer que el mundo brille. Para eso hemos nacido y estamos aquí.
Oración: Necesitamos más comunión y solidaridad, Señor. ¡Que todos tus hijos podamos sentirnos unidos a ti y entre nosotros!
Acción: No niegues tu atención a quien la necesita. Haz que su mundo brille.»             ——————————————————————————————-Pablo d´Ors

Oración


Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores.                       El Ángel la enseñó a los tres pastores de Fátima

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Pentecostés

Jn 20,19-23

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Evangelio:
«Al llegar la noche de aquel mismo día, primero de la semana, los discípulos estaban reunidos y tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos. Jesús entró y, poniéndose en medio de los discípulos, los saludó diciendo: “¡Paz a vosotros!”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y ellos se alegraron de ver al Señor. Luego Jesús dijo de nuevo: “¡Paz a vosotros! Como el Padre me envió a mí, también yo os envío a vosotros”. Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedarán perdonados; y a quienes no se los perdonéis, les quedarán sin perdonar”.»

 

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San Basilio Magno

Tratado del Espíritu Santo:

«Ante todo, ¿quién habiendo oído los nombre que se dan al Espíritu, no siente levantado su ánimo y o eleva su pensamiento hacia la naturaleza divina?

Ya que es llamado Espíritu de Dios y Espíritu de Verdad, que procede del Padre. Espíritu firme. Espíritu Generoso. Espíritu Santo es su nombre propio peculiar… Hacia Él se dirigen su mirada todos los que sienten necesidad de santificación; hacia Él tiende el deseo de todos los que llevan una vida virtuosa y su soplo es para ellos a manera de riego que les ayuda en la consecución de su fin propio y natural. Capaz de perfeccionar a los otros, Él no tiene falta de nada… Él no crece por adiciones, sino que está constantemente en plenitud; sólido en sí mismo, está en todas partes. Él es fuente de santidad, Luz para la inteligencia; Él da a todo ser racional como una Luz para entender la verdad

Aunque inaccesible por naturaleza, se deja comprender por su bondad; con su acción lo llena todo, pero se comunica solamente a los que encuentra dignos, no ciertamente de manera idéntica ni con la misma plenitud, sino distribuyendo su energía según la proporción de su fe. Simple en su esencia y variado en sus dones, está íntegro en todas partes. Se reparte sin sufrir división, deja que participen de Él, pero Él permanece íntegro, a semejanza del rayo del sol, cuyos beneficios llegan a quien disfrute de él como si fuera único, pero, mezclado con el aire, ilumina la tierra entera y el mar… Por Él se elevan a lo alto los corazones; por su mano son conducidos los débiles; por Él los que caminan tras la virtud llegan a la perfección. Es Él quien ilumina a los que se han purificado de sus culpas y, al comunicarse a ellos, los vuelve espirituales.»

 

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San Agustín

La fiesta de Pentecostés

  1. a) EL ESPÍRITU SANTO, “VINO NUEVO”

“Decían los judíos: “Están embriagados y llenos de vino”. ¡Qué acusación tan necia y calumniosa! El ebrio no, solo no aprende ninguna lengua ajena, sino que incluso, pierde la propia. Sin embargo, por aquellos ignorantes hablaba la verdad, porque estaban llenos de vino nuevo y habían sido convertidos en nuevos odres. Eran los odres viejos que, se admiraban de los nuevos, y con sus calumnias no podían ser innovados, ni llenados” (cf. Serm. 266, 2: PL 38,1225).

  1. b) EL DON DE LENGUAS SÍMBOLO DE LA UNIDAD
  2. Comenzaba a ser universal

Reunida en una sola casa, recibió… la Iglesia el Espíritu Santo. Contaba unos pocos miembros, mas ya se hablaba en las lenguas de todo el orbe. He aquí lo que simbolizaba. Aquella diminuta Iglesia naciente que hablaba todos los idiomas, ¿no era figura inequívoca de la gran Iglesia de hoy, desde el oriente al ocaso ya difundida, que habla todas las lenguas? Ahora es el cumplimiento de aquella promesa (cf. Serm. 267,3: BAC, Obras de San Agustín, t. 7 p.457-459; PL 38,1231)

  1. Don de lenguas ayer y hoy

Aquel viento no hinchó, sino que alimentó; aquel fuego no quemó, sino que excitó. Se cumplió lo que mucho antes, se había profetizado: No hay discursos ni palabras cuya voz deje de oírse (Ps. 18,4). Para que después al iniciarse la predicación del Evangelio, se cumpliera lo que sigue: Su pregón sale por la tierra toda y sus palabras llegan a los confines del orbe de la tierra (Ps. 18,5). ¿Qué otra cosa profetizaba el Espíritu Santo… sino que todos habían de creer en el Evangelio, de forma que al principio cada uno de los fieles, y después la Iglesia entera, hablara todas las lenguas? ¿Qué dicen a esto los que no quieren incorporarse a la sociedad cristiana, que fructifica y crece por doquiera? ¿Pueden acaso negar que viene también ahora el Espíritu Santo sobre los cristianos? Pues ¿por qué no habla nadie las lenguas de todas las gentes (indicio de su venida de entonces), sino porque ahora se cumple lo que entonces se significaba? En aquella ocasión un solo fiel, hablaba todas las lenguas, y ahora la unidad de los fieles las habla también. Así, pues, también hoy son nuestras todas las lenguas, porque todos somos miembros del cuerpo que las posee” (cf. Serm. 269,1: PL 38,1234).

  1. La diversidad al servicio de la unidad

“Aquel viento, purificaba los corazones de la paja carnal; aquel fuego consumía el heno de la vieja concupiscencia; aquellas lenguas en las que hablaban, llenos del Espíritu Santo, simbolizaban la Iglesia futura… Porque así como después del diluvio la impiedad soberbia de lo hombres edificó contra el Señor una torre elevada, y se dividió el género humano en diversas lenguas para que cada raza tuviera la suya propia y no pudiera ser entendida por los demás, así la humilde piedad de los fieles puso la diversidad de sus lenguas al servicio de la unidad de la Iglesia, para que los elementos dispersos de la humanidad se aunasen como miembros de un mismo cuerpo en la cabeza, que es Cristo, y en la unidad de este santo cuerpo se inflamaran con el fuego del amor. Porque así como entonces, al recibir al Espíritu Santo, un solo hombre hablaba las lenguas de todos así ahora habla todas las lenguas la misma unidad a la que pertenecéis, y en la que recibís el Espíritu Santo”, (cf. Serm. 271: PL 38,1245).

  1. c) EL ESPÍRITU SANTO, ALMA DEL CUERPO MÍSTICO
  2. Diversas funciones, pero vida común

“Nadie, pues, interrogue cómo, habiendo recibido al Espíritu Santo, no recibió el don de lenguas. Si queréis poseer el Espíritu Santo, prestadme atención, hermanos míos. Decimos alma al espíritu que hace vivir al hombre y llámase alma al espíritu que a cada uno de los hombres da la vida, y bien sabéis el oficio del alma dentro del cuerpo: dar vida a todos los miembros. Ve por los ojos, oye por el oído, huele por el olfato, habla por la lengua, y por medio de los pies anda. Presente a todos los órganos, a la vez toda entera en todos, presta vida y función peculiar a cada uno. Ni oye el ojo, ni el oído habla, ni la lengua ve; todos, sin embargo, viven: el oído y la lengua. Las funciones son diversas, mas la vida es común. Así la Iglesia de Dios obra milagros por medio de algunos santos, por otros predica la verdad; es virgen en unos, en otros guarda la castidad conyugal; en éstos esto y en aquéllos aquello; cada uno tiene su don, su función específica, pero su vida es la misma. Lo que respecto al organismo humano es el alma, lo es el Espíritu Santo respecto al cuerpo de Cristo, la Iglesia; el Espíritu Santo hace en toda la Iglesia lo que hace el alma en todos los miembros de un mismo cuerpo. Ved ahora lo que debéis huir, observar o temer. Acontece a las veces amputar un miembro del cuerpo; digamos un pie, una mano, un dedo. ¿Sigue por acaso el alma en el miembro amputado? Integrando el cuerpo vivía; fuera del cuerpo muere. Tal un cristiano católico vive mientras permanece unido al cuerpo la Iglesia; en separándose del cuerpo, es hereje, miembro cortado y sin vida. Si, pues, queréis vivir del Espíritu Santo, guardad la caridad, amad la verdad, mantened la unidad para llegar a la vida perdurable” (cf. Serm. 267,4:BAC, t,7 p.459;PL 38,1231)

  1. A semejanza del cuerpo

“Contemplad nuestros miembros. El cuerpo está constituido de muchos, y  una misma alma los alimenta a todos a través de la propia alma, por virtud de la cual existo yo como hombre, coordino todos mis miembros; les mando que se muevan, empleo los ojos para ver, los oídos para oír, la lengua para hablar, las manos para obrar, los pies para caminar. Los oficios de los miembros son diversos, pero un mismo espíritu los anima. Se mandan y se hacen muchas cosas, pero uno manda y a uno se le sirve. Pues lo que nuestra alma es para nuestros miembros, el Espíritu Santo lo es para el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Por eso el Apóstol, cuando habla del cuerpo, dice: Unum corpus. Mas yo te pregunto: ¿Vive este cuerpo? Vive. Y ¿quién unifica su vida? Un alma: Et unus spiritus. Observad, hermanos, nuestro cuerpo y compadeceos de los que se apartan de la Iglesia. Mientras vivimos y disfrutamos de salud cada uno de los miembros cumple su oficio si un miembro duele, todos los demás se compadecen porque están en el cuerpo pueden compadecerse, no pueden, en cambio, expirar. Pues ¿qué es expirar sino perder el espíritu? Ahora bien, si se arranca un miembro del cuerpo, ¿ acaso sigue en él el espíritu? Y, sin embargo, se reconoce qué miembro es: dedo, mano, brazo, oreja, etc. Continúan, sí, teniendo, la forma, pero no la vida. Así el hombre separado de la Iglesia. Buscas en él el bautismo, y lo encuentras. Buscas, la fe, y la hallas. Posee la forma. Pero, si no está alimentada por el espíritu, en vano nos gloriaremos de la forma (cf. Serm. 268,2: PL 38,1232).

 

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Comentario:
«Lectura: “Tenían las puertas cerradas por miedo a los judíos”.
Meditación: Siempre que tenemos miedo, las puertas de nuestro corazón están cerradas. Se cierran a lo que nos produce pánico o inseguridad, pero también a lo bueno y sanador que podría llegarnos quién sabe de dónde. La confianza, por contrapartida, abre las puertas de nuestro corazón. En realidad, ésta es la única alternativa que tenemos y nos confrontamos a ella a cada minuto: o vivimos cerrados o abiertos, o confiamos en el mundo y en los otros o tenemos reservas y dudas. O pensamos que este universo es nuestra casa o somos extraños en tierra extranjera. Pero el creyente sabe que al término de esta vida no le espera el vacío o la nada, sino la casa del Padre.
Oración: Me regalas, Señor, el Espíritu Santo. Que no sea mayor mi cobardía que su fuerza.
Acción: Saluda hoy con una gran sonrisa a algún desconocido.»            Pablo d´Ors

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…..y ascendió a los cielos

Mt 28,16-20

Ascensión de Giotto. Clic descargar presentación

Evangelio:
En aquel tiempo los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al ver a Jesús, le adoraron, aunque algunos dudaban. Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced mis discípulos a todos los habitantes del mundo; bautizadlos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y enseñadles a cumplir todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

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Comentario:
«Lectura: “Id y haced mis discípulos a todos los habitantes del mundo”.
Meditación: “Yo estaré con vosotros todos los días” significa que el lugar de encuentro con Dios es para los hombres el tiempo, el presente. Que estar en el presente plenamente es, en definitiva, estar en la Presencia. Que estar en la vida es como podremos estar en la verdadera Vida. De lo que se trata es de hacer discípulos de la Presencia y de la Vida. Enseñar a mirar en profundidad. Enseñar que la soledad es, en última instancia, una mera apariencia. Enseñar que hay un Padre o Fuente, un Hijo o Camino, un Espíritu o Energía, y que todos estamos y somos en ellos.
Oración: Cuando sufra el abandono, la traición, cuando me equivoque… no dejes, Señor, que lo olvide: ¡tú estás conmigo todos los días!
Acción: Ten un pequeño signo de celebración con los más cercanos a tu corazón».
 ————————————————————————–—————Pablo d´Ors

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Abrir el Horizonte

Ocupados solo en el logro inmediato de un mayor bienestar y atraídos por pequeñas aspiraciones y esperanzas, corremos el riesgo de empobrecer el horizonte de nuestra existencia perdiendo el anhelo de eternidad. ¿Es un progreso? ¿Es un error?

Hay dos hechos que no es difícil comprobar en este nuevo milenio en el que vivimos desde hace unos años. Por una parte, está creciendo en la sociedad humana la expectativa y el deseo de un mundo mejor. No nos contentamos con cualquier cosa: necesitamos progresar hacia un mundo más digno, más humano y dichoso.

Por otra parte, está creciendo el desencanto, el escepticismo y la incertidumbre ante el futuro. Hay tanto sufrimiento absurdo en la vida de las personas y de los pueblos, tantos conflictos envenenados, tales abusos contra el Planeta, que no es fácil mantener la fe en el ser humano.

Sin embargo, el desarrollo de la ciencia y la tecnología esta logrando resolver muchos males y sufrimientos. En el futuro se lograrán, sin duda, éxitos todavía más espectaculares. Aún no somos capaces de intuir la capacidad que se encierra en el ser humano para desarrollar un bienestar físico, psíquico y social.

Pero no sería honesto olvidar que este desarrollo prodigioso nos va “salvando” solo de algunos males y de manera limitada. Ahora precisamente que disfrutamos cada vez más del progreso humano, empezamos a percibir mejor que el ser humano no puede darse a sí mismo todo lo que anhela y busca.

¿Quién nos salvará del envejecimiento, de la muerte inevitable o del poder extraño del mal? No nos ha de sorprender que muchos comiencen a sentir la necesidad de algo que no es ni técnica ni ciencia ni doctrina ideológica. El ser humano se resiste a vivir encerrado para siempre en esta condición caduca y mortal.

Sin embargo, no pocos cristianos viven hoy mirando exclusivamente a la tierra, Al parecer, no nos atrevemos a levantar la mirada más allá de lo inmediato de cada día. En esta fiesta cristiana de la Ascensión del Señor quiero recordar unas palabras del aquél gran científico y místico que fue Theilhard de Chardin: “Cristianos, a solo veinte siglos de la Ascensión, ¿qué habéis hecho de la esperanza cristiana?”.

En medio de interrogantes e incertidumbres, los seguidores de Jesús seguimos caminando por la vida, trabajados por una confianza y una convicción. Cuando parece que la vida se cierra o se extingue, Dios permanece. El misterio último de la realidad es un misterio de Bondad y de Amor. Dios es una Puerta abierta a la vida que nadie puede cerrar.

José Antonio Pagola

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Buena Noticia para el 21 de Mayo

Jn 14,15-21
Ev. Dom 6º Pascua Ciclo A 17

«En aquel tiempo dijo Jesús: “Si me amáis, obedeceréis mis mandamientos. Y yo pediré al Padre que os envíe otro defensor, el Espíritu de la verdad, para que esté siempre con vosotros. Los que son del mundo no lo pueden recibir, porque no lo ven ni lo conocen; pero vosotros lo conocéis, porque él está con vosotros y permanecerá siempre en vosotros. No voy a dejaros abandonados: volveré para estar con vosotros. Dentro de poco, los que son del mundo ya no me verán; pero vosotros me veréis, y viviréis porque yo vivo. En aquel día os daréis cuenta de que yo estoy en mi Padre, y que vosotros estáis en mí y yo en vosotros. El que recibe mis mandamientos y los obedece, demuestra que me ama. Y mi Padre amará al que me ama, y yo también le amaré y me mostraré a él”.»

 

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No estamos Huérfanos

Una Iglesia formada por cristianos que se relacionan con un Jesús mal conocido, poco amado y apenas recordado de manera rutinaria, es una Iglesia que corre el riesgo de irse extinguiendo. Una comunidad cristiana reunida en torno a un Jesús apagado, que no seduce ni toca los corazones, es una comunidad sin futuro.

En la Iglesia de Jesús necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él. Necesitamos comunidades cristianas marcadas por la experiencia viva de Jesús. Todos podemos contribuir a que en la Iglesia se le sienta y se le viva a Jesús de manera nueva. Podemos hacer que sea más de Jesús, que viva más unida a él. ¿Cómo?

Juan recrea en su evangelio la despedida de Jesús en la última cena. Los discípulos intuyen que dentro de muy poco les será arrebatado. ¿Qué será de ellos sin Jesús? ¿A quién le seguirán? ¿Dónde alimentarán su esperanza? Jesús les habla con ternura especial. Antes de dejarlos, quiere hacerles ver cómo podrán vivir unidos a él, incluso después de su muerte.

Antes que nada, ha de quedar grabado en su corazón algo que no han de olvidar jamás: «No os dejaré huérfanos. Volveré». No han de sentirse nunca solos. Jesús les habla de una experiencia nueva que los envolverá y les hará vivir porque los alcanzará en lo más íntimo de su ser. No los olvidará. Vendrá y estará con ellos.

Jesús no podrá ya ser visto con la luz de este mundo, pero podrá ser captado por sus seguidores con los ojos de la fe. ¿No hemos de cuidar y reavivar mucho más esta presencia de Jesús resucitado en medio de nosotros? ¿Cómo vamos a trabajar por un mundo más humano y una Iglesia más evangélica si no le sentimos a él junto a nosotros?

Jesús les habla de una experiencia nueva que hasta ahora no han conocido sus discípulos mientras lo seguían por los caminos de Galilea: «Sabréis que yo estoy con mi Padre y vosotros conmigo». Esta es la experiencia básica que sostiene nuestra fe. En el fondo de nuestro corazón cristiano sabemos que Jesús está con el Padre y nosotros estamos con él. Esto lo cambia todo.

Esta experiencia está alimentada por el amor: «Al que me ama…yo también lo amaré y me revelaré a él». ¿Es posible seguir a Jesús tomando la cruz cada día, sin amarlo y sin sentirnos amados entrañablemente por él? ¿Es posible evitar la decadencia del cristianismo sin reavivar este amor? ¿Qué fuerza podrá mover a la Iglesia si lo dejamos apagar? ¿Quién podrá llenar el vacío de Jesús? ¿Quién podrá sustituir su presencia viva en medio de nosotros?

                                                                                                   José Antonio Pagola
 


«Lectura: “El Espíritu de la verdad permanecerá siempre en vosotros”.
Meditación: El camino interior empieza con una experiencia de vacío. Ese vacío puede ser un matrimonio roto, un proyecto profesional que se ha venido abajo, la pérdida de un ser querido, una larga y difícil enfermedad… Todo comienza cuando nos damos cuenta de que estamos en este mundo, pero en el fondo no somos de él. Percibimos entonces que lo que tenemos no nos satisface, que no será para siempre, que esta vida no es eterna y que, nos queden muchos o pocos años, lo más sensato es ir ya a lo esencial. Entonces comenzamos la vuelta a casa, a nuestro hogar.
Oración: Abre mi corazón para que deje que el Espíritu sea quien guíe mis decisiones y mis actos; para que preste atención a su inspiración.
Acción: Realiza un examen de conciencia para tratar de discernir hacia dónde te conduce Dios.                                                                                                              Pablo d´Ors

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